12016Mar

Consideraciones de orden general para un debate en torno al cambio de pensum en el Departamento de Antropología, Universidad de Antioquia.

Por: Colectivo Polonia Cimarrona.    

 

El año 2016 es particularmente desafiante. La coyuntura de un cambio de currículo, si nos detenemos a pensarlo, así nos lo proyecta. En estas breves notas, se plantearán algunos aspectos generales producto de lecturas y conversaciones básicas que, en el corto y mediano plazo podemos ir madurando en los distintos escenarios de encuentro colectivo, tanto estudiantes como profesores, en el marco, no solo en lo concerniente a la definición de unas materias, sino en cómo esto se articula a un modelo de desarrollo en el país, en el cual el conocimiento está estrechamente vinculado. Además de ello, los debates del cambio de currículo coinciden con una dinámica nacional de acuerdos políticos que buscan poner fin a la expresión armada del conflicto social colombiano, en el cual las ciencias sociales tienen aún bastante tela para cortar, lo que nos hace pensar que las discusiones en torno a la formación antropológica en la Universidad de Antioquia no pueden perder de vista el contexto nacional, para así saber cómo encarar, en términos de construcción del conocimiento, los fenómenos sociales, políticos y culturales que vive el país actualmente

Lo que nos convoca hoy: el cambio de currículo

En el plan de desarrollo de la universidad de Antioquia (2006-2016) se plantean objetivos académicos enmarcados dentro de un concepto llamado globalización que tiene que definir, entre otras cosas, los contenidos de los planes de estudio, el idioma “estándar” para establecer puentes de diálogo entre las comunidades  académicas de los distintos países, y, un sinnúmero de aspectos que de manera directa veremos reflejada en nuestro devenir universitario. Para ello, se requieren de reformas curriculares que se acoplen a dicha dinámica. En el año 2014 el Consejo Académico expidió el acuerdo 467 por el cual se establece la política de competencia en lengua extranjera para los estudiantes de pregrado de la Universidad de Antioquia. Es decir, es una norma que busca poner en marcha los objetivos planteados en el plan de desarrollo, lo que ubica a la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas y sus diferentes programas académicos, en un escenario de reforma curricular para introducir 5 niveles obligatorios de inglés, que en el acuerdo se exigen. Las preguntas que no tienen espera son: ¿La implementación de los 5 niveles de inglés irán en detrimento de los contenidos propios del campo de conocimiento en el cuál estamos inscritos? Si no es así, ¿cómo garantizarlo? ¿Quiénes serán los encargados de llevar a cabo dichos cambios? ¿Habrá participación amplia? ¿Como estudiantes tenemos algo que decir al respecto?

A los y las estudiantes

Hoy por hoy nos encontramos asistiendo a clases sobre una plataforma de estudios que en términos formales llamamos pensum cinco, lo que supone que ha habido cuatro planes de estudio previos al que hoy nos asiste. El profesor Hernán Henao Delgado, en un pequeño artículo publicado en el Boletín de Antropología N. 24,  a propósito de los veinticinco años del departamento, caracteriza los tiempos de cambio de currículo como ritos de paso, aunque no desarrolla fuertemente a qué se refiere cuando habla de ritos, sí nos plantea el objetivo general de los mismos: “asegurar un cambio de estado”. En cambio, si enfatiza fuertemente en los pasos, que necesitan de caminos para poder darse. Es precisamente en los caminos que quiero llamar la atención, pues, delimitar uno u otro, elegir este o aquél depende, y nos lo corrobora el profesor, de las condiciones culturales, políticas y económicas en las que se inscribe la universidad como institución social plegada a escenarios de mayor envergadura. Con esto quiero decir dos cosas; primero, las discusiones que respectan al cambio de pensum no pueden ser abordadas de manera inmediatista, desconociendo los pasos ya dados, e incluso los no dados, al interior del departamento; Segundo, la discusión no es meramente académica, por ello es importante que tengamos presente el verbo escuchar y el valor del respeto, y así evitar la descalificación, cuando no la satanización, de quienes manifiestan entender este escenario como una lucha ideológica y política por el conocimiento, se trata de poner en práctica lo que constantemente escuchamos en clase como la apertura a la otredad.  Además de evitar la visión ahistórica de esta discusión, es importante que conjuntamente dimensionemos las posibles relaciones, afinidades, contradicciones, del acuerdo académico con políticas educativas de más hondo calado; solo por mencionar algunas: el acuerdo por lo superior 2034, la triada llevada a la práctica por la administración central de esta institución bajo las tres categorías Universidad-empresa-Estado, ¿tienen relación alguna los cambios de pensum con las políticas mencionadas? Es un debate que aún nos debemos. De la mano de estas políticas públicas de educación, que a veces nos desbordan, ¿hemos sacado tiempo para discutir acerca de lo que entendemos por un currículo? La revista Debates, en su número 71 (2015), nos presenta un panorama general y enriquecedor acerca de la calidad en la educación y las sendas polémicas que ha habido entre las distintas teorías curriculares alrededor del mundo. En la búsqueda de los caminos para dar el siguiente paso también nos aborda la discusión acerca del perfil profesional de los estudiantes de antropología en la Universidad de Antioquia, ¿qué es lo que buscamos cuando nos proponemos estudiar esta disciplina social? Las respuestas pueden ser múltiples, e incluso antagónicas, pero repito, es necesario darnos el debate, porque de ahí emerge la ética que confronta nuestros comportamientos y prácticas cuando como estudiantes o ya como profesionales nos ubicamos en escenarios ajenos al universitario, en donde las decisiones revisten de especial importancia.

Entrar de manera activa a este tipo de discusiones no es abandonar de ningún modo nuestra formación, es, más bien, complementarla a partir de la identificación de las fortalezas y debilidades que como estudiantes percibimos en el actual pensum. El reto que nos asiste es consolidar grupos de estudio y trabajo que tengan continuidad para presentar de manera argumentada los cambios que como estudiantes consideramos pertinentes. Eso lo lograremos si hacemos antropología de la antropología. Si nos pensamos de manera situada. Y, si nos cavilamos estrategias metodológicas que nos permitan mantenernos en el tiempo sin desgastarnos y no cargar a unos pocos de las responsabilidades que como estudiantes nos asiste en términos generales.